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¿Qué pasa cuando el resto de los vecinos no son conscientes? ¿Qué entendemos por presidente hiperactivo? ¿Cuáles son las consecuencias de tener uno de estos en la comunidad?
La figura del presidente hiperactivo puede ser algo muy bueno o malo. Depende del individuo en cuestión. Por ello, vamos a analizar las dos figuras. Presta mucha atención para saber si en tu comunidad tenéis uno de estos o no.
Vamos a aclarar cómo surge la figura del presidente hiperactivo.

DE DÓNDE PROVIENE EL PODER EL PRESIDENTE HIPERACTIVO

La Ley de Propiedad Horizontal (LPH) apunta que el presidente de la comunidad de propietarios está habilitado para emprender todas las obras necesarias para el mantenimiento y la habitabilidad del inmueble.

De esta forma, hay un sinfín de obras menores que no necesitan autorización de la Junta de Propietarios. Y es más, el presidente es el representante de la comunidad, por lo que cualquier contratación pasará por su mano primero. Así, tiene poder de iniciativa y de veto. Y un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
LAS VIRTUDES DEL PRESIDENTE HIPERACTIVO
En este caso, vamos a hablar de lo que podríamos llamar el presidente “bueno”. El presidente hiperactivo bueno es el que se recorre todos los días la comunidad e inspecciona que todo ande en orden. Es el primero en enterarse si hay una cerradura que no abre bien. El que se conoce la iluminación correcta de todas las bombillas. El que se sabe cuántos días toca limpieza en la comunidad…
Este presidente es muy atento y servicial y su figura es muy apreciada por todos los vecinos. También por el administrador de fincas. Con él, consulta los saldos de la comunidad regularmente y le tiene sobre aviso ante todas las reformas.
QUIÉN ES “EL OTRO PRESIDENTE HIPERACTIVO”
Básicamente, la figura del otro es fácilmente confundible con el presidente hiperactivo anterior. De hecho, la principal diferencia es que el segundo emprende obras no tan necesarias y el tema de los saldos de la comunidad no va con él.
El presidente hiperactivo es el que un día llega al portal, ve manos en las paredes, y llama a los pintores para que lo pinten todo bien.
Es el que ve una bisagra suelta en una puerta y decide que hay que cambiar las vallas que rodean la piscina.
El presidente hiperactivo se acerca al jardinero cuando está podando los setos y le dice que, ya de paso, pode los chopos que están dando sombra a la piscina.
En casos extremos, el presidente hiperactivo decide decorar su portal con los ornamentos excedentes de su propia casa.
El terror de tener un presidente hiperactivo no es que se encargue de todo. Si encargarse de todo está muy bien. El problema surge cuando todas esas pequeñas operaciones de mantenimiento se hacen sin tener en consideración los saldos de las cuentas de la comunidad. Y mucho ojo. Cuanto más grande sea la comunidad de propietarios, más probabilidades hay de que se disparen las pequeñas reformitas. Obvio: los saldos son más jugosos.
De esta forma, cuando el presidente hiperactivo pierde el control, el propietario de a pie, que paga regularmente sus cuotas, se ve sorprendido con derrama tras derrama. Es lo que tienen los números rojos.
CÓMO RECONOCER A UN PRESIDENTE HIPERACTIVO

AÑO A AÑO, BUSCA SER RENOVADO.
Alrededor del 63% de la población española vive en una comunidad de propietarios. De ellos, el 90% entra en barrena cuando ve que se acerca su turno para ser el presidente de la comunidad de propietarios. Escuchar quejas de vecinos, ser un habitual de las juntas y hacer frente a las responsabilidades de la comunidad de propietarios no es del agrado de muchos. Sin embargo, cuando el presidente hiperactivo entra en escena, muchos ven aliviados como la carga caerá repetidamente sobre los mismos hombros. Sobre alguien que tiene la mayor vocación para desempeñar el puesto.
ENTRA A MENUDO EN EL ROL DE VECINO TROLL
Al principio, lo de las pequeñas reformas puede pasar inadvertido. Sin embargo, cuando se suceden en el tiempo es posible que se empiecen a levantar sospechas en el resto de los vecinos. Por ello, el presidente hiperactivo se meterá en la piel del vecino troll. No hay mayor defensa que un buen ataque. Y quejarse por el estado de todo es la mejor estrategia para legitimar su mantenimiento.
A VECES ES UNA SOMBRA HUIDIZA
Especialmente cuando se avecina una derrama, es difícil encontrar al presidente hiperactivo. No contesta a las llamadas y tras su puerta sólo se escucha el breve roce de la mirilla cuando llamas al timbre. Además, identificarás breves sombras de su silueta en los pasillos, pero al igual que el reflejo del sol en las olas del mar, por mucho que corras, nunca lo alcanzarás.
NO TIENE PRISA POR CONVOCAR LAS JUNTAS
Cuando vives en un reino de confort en el cual tú decides cuándo y cómo se hacen las cosas, volver a la realidad es duro. Por eso, el presidente hiperactivo es, en muchas ocasiones, reacio a convocar juntas. Y si ya le cuestan las ordinarias, ni te cuento las extraordinarias. Se dice que hay comunidades de propietarios que llevan más de 50 años con el mismo presidente y sin convocar una junta.
En casos extremos, el resto de los vecinos nunca recibirán los balances anuales y las actas serán como un gamusino. Todos saben que existen, todos las han intentado buscar alguna vez, pero nadie las ha visto jamás.
TIENE UNA VIDA SOCIAL MUY ACTIVA
El presidente hiperactivo tiene un gran círculo de amigos. De hecho, su capacidad de networking está al nivel de la de un dignatario europeo. Es amigo del concejal, y del alcalde. También lo es de los operarios de limpieza municipales y de los pintores que pintan los pasillos de la comunidad, regularmente y sin falta, cada tres meses.
Es habitual ver al presidente hiperactivo de cañas con su círculo de conocidos en los bares abiertos en los locales de la comunidad.
CÓMO LIBRARSE DE UN PRESIDENTE HIPERACTIVO
Hay dos vías para librarse de un presidente hiperactivo: la suave que me estás matando y la del tirón de cera.
Para ambas vías, sin embargo, tiene que haber de antemano un consenso entre la mayoría de los vecinos. De hecho, si el presidente hiperactivo tiene un círculo fiel de acólitos dentro de la comunidad, será muy difícil librarse de él.
Pero al tema.
CON SUAVIDAD
La vía suave que me están matando es la pasivo-agresiva. Es hacer como que aquí no pasa nada. Sin embargo, hay que confabularse para convocar junta ordinaria y que otro vecino se ofrezca como presidente. Claro, que para esto tiene que haber otro voluntario y, muchas veces, queremos que nos hagan el trabajo, pero con la mínima molestia posible. Esta es la forma perfecta para la gente que no quiere líos.
A LA DE YA
Si te dan igual los líos puedes decantarte por el tirón de cera. Por esta vía, tiene que haber una junta convocada en tiempo y forma, bien por el presidente o bien por una cuarta parte de los vecinos que representen el 25% de las cuotas de participación. ¿El punto en el orden del día? Nombramiento de nuevo presidente. Ya tiene que haber uno bajo el brazo, como el pan. Si os ponéis farrucos podéis exigirle responsabilidades.
Cómo ves, es importante para tener unas cuentas saludables en la comunidad saber si tienes un presidente hiperactivo o uno fuertemente implicado. Los matices son los que marcan la diferencia. Esperamos haberte dado las claves para identificarlo y poder combatirlo.

Fuente: http://micomuniweb.com/problemas-presidente-hiperactivo/

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